De todos los factores que componen una situación de precariedad, el hacinamiento, en opinión de expertos, es uno de los que más consecuencias negativas ocasionan. Y llamo la atención sobre este punto dado que en esa situación se encuentran 262 desplazados, entre los que se cuentan 79 niños y niñas, 84 hombres y 98 mujeres (de las cuales 8 están embarazadas), que desde hace 6 meses levantaron carpas cuyos puntos de apoyo son las rejas y ventanas de las viviendas de los residentes del sector del barrio Carvajal, quienes aunque han intentado ser comprensivos y pacientes se sienten gravemente afectados, específicamente en la calle 35A sur con carrera 72N.
Pero lo más inadmisible es la inexistencia de unidades sanitarias para la atención de los requerimientos fisiológicos, llevando a que los desplazados se bañen con totumas y baldes a la vista de todos, donde los postes y puertas de las viviendas se volvieron orinales y áreas de excrementos, desencadenando olores, virus y bacterias que se propagan en el vecindario de manera inadvertida. Es tan grave la situación que todos los vecinos están vendiendo sus propiedades. Desplazados los que llegaron y desplazados los que habitan en ese sector.
Estas 262 personas no tienen tampoco brigadas de salud y mucho menos jornadas de vacunación, ni campañas de prevención de enfermedades y del virus AH1N1. La única visita fue la del carro de bomberos que llegó a lavar calles y andenes dónde ellos viven. Las mismas estadísticas corroboran que el 70% de los desplazados que arriban a una ciudad no reciben atención inmediata de ninguna clase.
Especialmente vulnerables a las situaciones anteriormente expuestas son los niños, principales afectados por las carencias de espacio en sus necesidades de crecimiento y desarrollo. Recordemos que el 40% de los desplazados que hay en Bogotá son niños, niñas y adolescentes, es por eso que el ICBF e Integración Social deberían encargarse de ellos, llegando a consensos con las familias para que los pequeños todos los días asistan a los centros de atención, para recibir alimentación, atender su salud y recibir orientación académica. Si se logra, estos niños pasarían gran parte del día protegidos, bajo techo, con alimentación y buen trato… y al final de la tarde volverían a compartir con sus familias.
Acordémonos que la ausencia de espacios dignos provoca alteraciones tanto en la salud física como mental y generan situaciones de estrés psicológico, violencia intrafamiliar, abuso sexual, al igual que la propagación de enfermedades infecciosas.
Por eso reclamo especialmente del Secretario de Salud, Dr. Zambrano que tome medidas de extrema urgencia para atender la salud de estos desplazados en la localidad de Kennedy. Si las autoridades de Bogotá reconocieron públicamente que la magnitud de esta problemática es preocupante, entonces, la única salida es que el gobierno distrital y el nacional se sienten a dialogar y a trabajar de la mano para controlar esta problemática y así dejar de botarle la pelota el uno al otro como siempre sucede. Porque mientras ellos le hacen a ese “jueguito”, diariamente, a Bogotá siguen llegando 50 familias desplazadas.
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